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Oskar Kusch

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Oficial de submarino alemán en la II Guerra Mundial.
Para su tripulación era el capitán ideal: comprensivo, experimentado, brillante, tolerante, valeroso, con éxito y divertidamente extrovertido. Un hombre que siempre les devolvía a puerto sanos y salvos y cumpliendo siempre con su deber.
Para algunos de sus oficiales era algo bastante diferente: un joven fanático anti-nazi, cobarde y traidor al que le gustaba dar continuamente sermones anti-fascistas, por lo que ponía en peligro la integridad del submarino y su tripulación siendo no apto para su mando.
Esta es su historia:

Oskar-Heinz Kusch nació en Berlín en 1918 como hijo único de una familia católica de clase media-alta. Pronto destacó como un chico inteligente y, fruto de su abierta educación, empezó a rechazar los ideales del régimen nazi sin dejar por ello de sentir una gran devoción por su país.
Su primer encontronazo con el sistema se produjo ya de bien joven, a principios de los años 30 cuando, en pleno apogeo de pensamiento único, su grupo juvenil de ideales independientes fue absorbido por las "Juventudes Hitlerianas".
Una vez dentro y viendo más de cerca lo que ya había rechazado desde muy joven, no tardó en poner pies en polvorosa.
Aún así, y viendo los derroteros por los que se encaminaba el país, acabó entrando con 19 años en la 37ª promoción de la Kriegsmarine (Fuerza Naval), pensando que podría llegar a un puesto donde la profesionalidad, respeto y sentido patriótico sirvieran más a su país que a sus usurpadores.
En Junio de 1941, tras realizar un curso de submarinos, fue destinado como oficial de guardia a uno de los submarinos más exitosos hasta el momento, el U-103. Pronto, Kusch se fue prendando del ambiente que reinaba y caracterizaba el arma submarina: la enorme camaradería de su tripulación, la libertad de poder expresar los sentimientos, sensaciones e ideas… todo ello se sabía que quedaba confinado en los estrechos compartimentos del submarino; aún así, y viendo que nuestro protagonista se "emocionaba" fácilmente expresando sus ideales contrarios al régimen, alguien le dejó caer que vigilase un poco lo que decía.
Oskar Kusch demostró a los diversos comandantes que pasaron por el U-103 su sobrada preparación y enorme talento para dirigir un submarino; así como también gozó de un gran carisma y cariño por parte de la tripulación. En Septiembre recibió la graduación de A.N. (Alférez de Navío) así como una Cruz de Hierro de primera clase y otra de segunda.
El 8 de Febrero de 1943, Kusch tomó el mando de su propio submarino, el U-154, y quiso implantar en éste el ambiente cordial que respiró durante su etapa en el U-103. Lo primero que hizo al entrar en su submarino fue retirar una foto de Hitler que presidía el camarote de oficiales, aludiendo que no estaban allí para idolatrar a nadie.
Pronto consiguió el ambiente que deseaba para su submarino: creó una atmósfera relajada para la tripulación, sin que por ello descuidasen sus deberes profesionales, daba libertad para expresar y discutir cualquier tema, hasta de política; él, cómo no, también expresaba sus pensamientos e intentaba apartar a su tripulación de los mitos nazis y sus mentiras, así como animarles a que fuesen lógicos y tuviesen juicio propio. Éstos apreciaban la forma de dirigir de su comandante, lo aceptaban de muy buen grado, lo correspondían con máxima fidelidad y profesionalidad, se reían con sus excentricidades y aplaudían su liderazgo.
De esta manera, el U-154, se convirtió en un submarino que empezó a ser conocido como "U-Brillo de Sol" por el clima que emanaba en su interior y por ser de los pocos sumergibles que regresaban a casa después de las patrullas, en una época donde, el arma submarina, estaba en decadencia y pocos eran los submarinos que regresaban a sus bases.
Dentro del U-154, Kusch encontró sus detractores en los oficiales; estos fueron los que abandonaron la camaradería por no aceptar sus "discursos" anti-régimen, en especial su segundo de a bordo, Ulrich Abel.
Abel era el oficial en prácticas del U-154 (lo que Kusch en el U-103) y totalmente contrario en ideas al comandante. Era un activo miembro del partido nazi, por lo tanto, fiel al régimen y sus ideales y devoto del Führer; 6 años mayor que Kusch, tenía un doctorado en leyes y un puesto como juez de condado antes de que la gran depresión de los años 30 lo dejase en el paro. Tras una primera patrulla bajo el mando de Kusch y el informe poco favorable de éste a su llegada a la base de Lorient (Francia), Abel tuvo que embarcarse en una segunda patrulla bajo su mando antes de darle el visto bueno para efectuar el curso de mando; obviamente no le haría mucha gracia a Abel tener que hacer otra campaña más "aguantando" a aquel jovenzuelo inmaduro con sus ideas antifascistas.

Ulrich Abel


El caso es que tras finalizar este segundo periplo el 20 de Diciembre y obtener el informe favorable de Kusch, Abel desembarcó y se dirigió al Báltico para efectuar el definitivo curso de mando antes de dirigir su propio submarino.
El 14 de Enero de 1944, sin consultar con nadie, Abel elevó a su superior por entonces un parte contra su antiguo comandante por sedición y cobardía.
La ley no tardó en caer y el 21 de Enero, Kusch perdió el mando de su submarino, y el 26 ya estaba en Kiel ante un Consejo de Guerra formado por un Auditor Naval y dos "supuestos" compañeros.
El por qué Abel tomó esta decisión de denunciar a Kusch no se sabe a ciencia cierta, varios podrían ser los motivos que lo hubiesen llevado a ello. Podría haber influido la situación en que se encontraba la guerra en aquel momento. Alemania comenzaba a perder fuerza en el conflicto y muchos oficiales veían posible que esa guerra acabase perdiéndose.
Kusch cometió el "error" de escuchar emisiones de propaganda enemiga y, discutiendo con Abel, defendía (ingénuamente) que el bombardeo aliado contra Hamburgo se debió a un error y que, únicamente, el objetivo de las bombas eran bases militares, cayendo algunos proyectiles perdidos sobre Hamburgo. Abel tenía familia en Hamburgo, que tras el bombardeo tuvo que abandonar todas sus posesiones y salvar la vida de milagro; obviamente no se creía lo que los aliados y Kusch argumentaban, sabía que el bombardeo iba con toda la intención.
Teniendo en cuenta que ambos soportaban el mismo rango, que Abel procedía de un nivel social más alto, era mayor en edad, tenía más experiencia y consideraba a Kusch un traidor no es necesario elucubrar mucho para darse cuenta de los sentimientos que podría tener. Abel declaró que Kusch se pasaba las patrullas sermoneando del peligro nazi para Alemania y el mundo, de la más que probable victoria aliada por sus mayores recursos humanos y materiales, que no había ninguna conspiración judía, así como también dudaba de la cordura del Führer. Sentenció que Kusch no era apto para el mando de un U-Boot a causa de una "repetida evidencia de fuerte oposición a la dirección política y militar de Alemania".
La decisión de Abel sentó un precedente; mucho debería haberle dolido lo que Kusch defendía para que, ni el espíritu de camaradería de un U-Boot (por los que justamente son recordados) ni la fiel tradición entre oficiales de no denunciarse entre ellos, quisiese que, la U-Bootswaffe (Fuerza Submarina), se deshiciese de tan molesto parásito para el régimen. Abel encontró apoyo en el ingeniero jefe y el oficial médico que, no sólo confirmaron lo argumentado por Abel, sino que añadieron acusaciones de su propia cosecha, posiblemente por miedo a que les echasen en cara no haber denunciado el hecho antes.
Las cosas no pintaban bien para Kusch, que permanecía preso en la celda 107 de la prisión naval de Kiel. Los únicos que defendieron y se pusieron al lado de Kusch fueron los oficiales y tripulación del U-103, los cuales le alabaron como un excelente oficial pero, naturalmente, desconocían lo acontecido en el U-154 y su opinión por lo tanto no podría tener peso especifico en el juicio.
¿Y la tripulación de su submarino? Su fiel tropa del U-154 permanecía amarrada en Lorient, a la espera de un nuevo comandante y lista para salir a patrullar. Sus declaraciones sí hubiesen sido vitales para armar una defensa decente para Kusch pero, desgraciadamente, no fueron invitados al juicio.
Kusch fue acusado de "minar el espíritu de lucha, no creer en el Führer ni en la Victoria Final". Por el contrario, la defensa sólo pudo exponer la intachable carrera militar de Kusch y alegó que sus opiniones sólo pretendían "suscitar la conversación y hacerles más conscientes de lo que estaba pasando".
Finalmente se dictó sentencia. Kusch fue declarado culpable. Y, pese a que el fiscal había pedido diez años de prisión, Kusch fue condenado a muerte.
El caso había llegado muy lejos; sorprende como un asunto que no debería haber salido de la U-Bootswaffe y haber sido tratado como un asunto interno, llegó tan alto. Nadie hizo nada por Kusch ante el final que le esperaba; ¿por qué los mandos superiores de su flotilla en Lorient y el capitán de los U-Boots en Francia, sabiendo de su honradez y profesionalidad, no hicieron nada por Kusch y permitieron que el caso siguiese su curso?, ¿por qué los oficiales que formaban el Consejo de Guerra no hicieron nada por su compañero? (más tarde alegarían que esperaban que el caso fuese revisado antes de que se cumpliese sentencia y entonces recomendar otra más suave). Incluso cuando Abel regresó a Lorient para hacerse cargo de su propio submarino no levantó el más mínimo signo de desprecio de sus compañeros; seguramente, la cosa hubiera sido diferente de no estar de patrulla el U-154…
Abel no pidió clemencia nunca para Kusch, incluso cuando había manifestado desde un principio que su único objetivo era el relevo de Kusch del mando.
Sólo hubo un hombre que, viendo el trágico fin que le esperaba a Kusch, decidió hacer algo para intentar salvarle la vida. Ese hombre fue Gustav-Adolf Janssen, último comandante del U-103 cuando estuvo Kusch, y unos de los comandantes más laureados de U-Boot.

Gustav-Adolf Janssen

Janssen aprovechó su confianza con el comandante en jefe de la Kriegsmarine, Karl Dönitz, del que fue su ayudante, para pedirle ayuda.
Dönitz fue el mítico fundador y líder durante mucho tiempo de la U-Bootswaffe, un hombre que se sacrificó por defender sus submarinos y sus oficiales, y que numerosas veces los protegió y salvó de problemas con la ley. Aprovechaba el grado de independencia con el que contaba la U-Bootswaffe y el cierto poder que tenía para hacer y deshacer, para mirar por los suyos y por su arma submarina, hasta tal punto que sus oficiales empezaron a llamarlo "Tio Carlos" (Onkel Karl). Por ello, Janssen pensó que Dönitz era el hombre que podía salvar a Kusch, al fin y al cabo, este era un caso similar a los que Dönitz solía solucionar.

Karl Dönitz

De esta manera, pocos días después de la sentencia de Kusch, Janssen se "coló" en el coche de Dönitz durante un viaje que éste realizaba por la Francia ocupada. Janssen lo incordió durante todo el viaje con el caso de Kusch y le suplicó por su vida. Dönitz, al principio, no estaba mucho por el caso, pero al despedirse de Janssen le comentó: "Janssen, encuentro muy decente que defiendas al muchacho, haré que nos veamos para ver qué hay en su corazón, entonces me haré cargo del asunto". Janssen, tras estas palabras, dio el asunto por solucionado, dando por hecho que el Gran Almirante salvaría la vida de Kusch.
Nada más lejos de la realidad. El horno no estaba para bollos. La guerra, como hemos dicho, no estaba, ni mucho menos, sonriendo a los teutones; Dönitz pensaba que no podía permitirse perdonar la vida a Kusch. Su posición no era la misma que cuando actuaba como mandamás de los submarinos, tenía un cargo de mucha más responsabilidad, estaba muy cerca de Hitler, tenía mucho contacto con él y siempre se le había mostrado fiel. ¿Cómo podría perdonar a alguien que renegó del Führer? ¿Cómo le sentaría a Hitler si llegase a sus oídos que perdonó la vida a quien renegó de él, sus ideas y le tachó de loco? Mejor -pensaría- no comprobarlo. Así que, dadas las circunstancias, creyó que la muerte de Kusch sería lo más conveniente además de servir como aviso a sus navegantes.
De esta manera, cuando el informe llegó a manos de Dönitz, lo elevó directamente a Göring (su superior por entonces y que actuaba como representante de la parte acusada: Hitler), sin mirarlo, sin ojearlo y sin cambiar nada; ni siquiera -como le prometió a Janssen- llegó a ver a Kusch ni hablar con él.
El día 10 de Abril, Göring confirmó la sentencia.
Un mes y dos días más tarde Kusch fue sacado de su celda, conducido a un campo de tiro al norte del canal de Kiel y ejecutado por un pelotón de fusilamiento. Acababa de cumplir 26 años.
¿Qué fue del submarino y la leal tripulación de Kusch? ¿Y de su "verdugo" Ulrich Abel?
Kusch fue sustituido al mando del U-154 por el oficial Gerth Gemeiner quien, en su segunda patrulla, cometió un error en una comunicación por radio y fue captado en el sónar de dos buques aliados. El 3 de Julio y tras dos horas de ataques con cargas de profundidad, el U-154 sucumbió al oeste de Madeira, sus 57 tripulantes perecieron.


Placa en memoria de la tripulación del U-154

Abel, por su parte, se hizo cargo del U-193 el 1 de Abril de 1944, el 23 salió en su primera misión, y tal como se fue no volvió, desapareció junto con toda su tripulación sin tener ninguna noticia de sus maniobras. Al parecer, el destino quiso callarle para siempre y le confinó al más oscuro y frío abismo del silencio.

Y fue pasando el tiempo y nadie se volvió a acordar de aquel hecho; la necesidad de mantener la fidelidad a una ideología pudo más que la de salvar la vida de un hombre digno que, al fin y al cabo, solo expresaba sus ideas (y así se mantuvo hasta el fin de sus días en los que no pidió clemencia y se mantuvo firme), pero que, desgraciadamente, lo hizo en una época y un régimen que no perdonaba tales osadías.
Así hasta 1995 donde, un historiador y antiguo oficial naval (Heinrich Walle), sacó a la luz la historia de Oskar Kusch. A partir de ahí empezó el reconocimiento hacía aquel valiente oficial.
En 1996 fue rehabilitado legalmente y, durante un discurso en una celebración nacional alemana, reconocida su lucha contra la injusticia por un Vicealmirante.
En 1998 se le dio su nombre a una calle -compartida entre Kiel y Holtenau- contigua al campo de tiro donde fue fusilado, así como también se le dedicó una placa de granito. Ésta reza así: "Su nombre representa el de muchas víctimas del sistema de injusticia Nacionalsocialista que murieron aquí y en otros lugares. Su muerte es nuestro legado".

Calle dedicada a Oskar Kusch

Placa junto al lugar del fusilamiento

¿Qué pensaría Ulrich Abel si levantase la "escotilla"?

Si me permiten ustedes, que le aproveche el Atlántico.

EL MISTERIO DEL LAGO BODOM

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(Publicado en aol2002.com en 2005)



Si nos nombran Finlandia, sin duda, la mente nos evoca a unos paisajes bucólicos de auroras boreales, altos abetos cubiertos de nieve e innumerables lagos, y una sociedad con un estilo de vida en general muy respetuoso con la naturaleza y consigo misma.

Sin embargo, y aunque apenas nos lleguen noticias trágicas de este país escandinavo, tiene, como todos, su historia y sus recuerdos más amargos.
Uno de estos momentos, el de más triste recuerdo, y que más conmocionó al país ocurrió a orillas de uno de sus cientos de lagos.
Así ocurrió todo.

Acababa de arrancar el mes de Junio de 1960 cuando cuatro adolescentes, dos chicos y dos chicas: Nils Whilhelm Gustafsson y Seppo Antero Boisman de 18 años y Maili Irmeli Björklund y Anja Mäki Tuulikki de 15, decidieron pasar el fin de semana de acampada. El lugar escogido fue el lago Bodom, en la localidad de Espoo, a 20 Km al norte de Helsinki.
Cogieron sus motocicletas y se pusieron en camino.

M.I.Björklund,A.M.Tuulikki,S.A.Boisman y N.W.Gustafsson


A su llegada empezaron a disponer de todo lo necesario para la estancia, montaron la tienda de campaña y en seguida se pusieron a disfrutar del bonito día jugando y nadando en el lago.
Al caer la noche, con los estómagos llenos y el cansancio acumulado durante el viaje y el día de ocio, se introdujeron en la tienda y se acostaron. No imaginaban que su despertar sería violentamente atroz.


Entre las 3 y las 6 de la mañana del recién estrenado domingo 5 de Junio alguien se deslizó entre la oscuridad junto a la tienda de los jóvenes. Sacó un cuchillo y cortó las cuerdas que sustentaban la tienda a sus piquetas. En cuanto la lona se desplomó sobre sus ocupantes se lanzó sobre ellos y, con una furia descomunal, comenzó a apuñalar y golpear a los jóvenes a través de la tela de la tienda. Tal fue su salvajismo que una de las chicas acabó recibiendo once puñaladas en el cuello.
Seppo Boisman y las chicas murieron, Nils Gustafsson fue el único que logró salir con vida de la tienda no sin recibir antes un fuerte golpe en la cabeza, un profundo corte en la frente además de la mandíbula rota.

Ya de día, los tres cuerpos fueron encontrados a orillas del lago, el cuarto, el único superviviente, fruto del shock, no recordaba nada desde que se fue a dormir el día anterior y se despertó en el hospital. Tal era su estado que tuvo que ser ingresado en un sanatorio.
La policía no halló pistas de ningún tipo en el lugar del crimen, no había indicios de quién podía haber sido el autor de tal masacre y el desconcierto se apoderaba de todos.
En un intento de arrojar luz, Nils fue sometido a una sesión de hipnosis sin obtener el resultado esperado, ya que apenas pudo dar más que una vaga e imprecisa descripción del asesino.




Estado en el que quedó la tienda tras el ataque

Como es normal cuando se haya perdido y sin pistas en una investigación, numerosas teorías y falsos rumores comenzaron a surgir en torno al caso.
El que más llamó la atención fue el de un alemán de 37 años que acudió el día 6 de Junio a un hospital de Helsinki embadurnado de sangre y en un estado de excitación muy elevado. Los doctores se sorprendieron al tratarlo ya que descubrieron que la sangre no era suya y que carecía de heridas. Al no poder entenderse con él, ya que no entendía el finlandés, dejaron que abandonase el hospital.
Varias personas fueron detenidas en relación a las matanzas pero no se halló ninguna evidencia clara para garantizar un procesamiento.


Análisis efectuados a la tienda

Desde entonces han pasado 45 años, nada se averiguó de nuevo y, para desesperación de Finlandia entera, el asesino siguió libre.
A principios de 2004 el caso se reabrió con una sorprendente noticia. Nils Gustafsson había sido detenido como posible autor de los asesinatos.
La noticia cayó como una bomba, más que por la detención en sí, por el tiempo que había transcurrido. Durante estas décadas, el caso se había convertido en uno de los misterios por resolver más importantes de la historia finesa y, a la vez, se había transformado, en este devenir del tiempo, en un tradicional método asustadizo de niños, ya que en lugar de decirles que venía el ‘Coco’ o ‘El Hombre del Saco’ se les decía que venía ‘The Reaper’, el asesino del lago Bodom.
Ya en el año 2005, el departamento nacional de investigación finlandesa (KRP) ya disponía de las pruebas suficientes para iniciar un procesamiento contra Nils Gustafsson. Después de varios meses de preparación se tomó la decisión de llevar al único superviviente de la matanza a los tribunales el 8 de Junio.



Nils Gustafsson durante el juicio

El juicio dio comienzo el 4 de Agosto. La fiscalía expuso las pruebas que incriminaban a Nils que, básicamente, se basaban en los resultados de ADN de una muestras de sangre que comprometían su inocencia y en la exposición de la historia de un idilio entre Nils Gustafsson e Irmeli Björklund que acabaría con un rechazo de esta, lo cual llevaría a Nils a un estado de furia celosa que, a la espera del momento adecuado, tomaría cumplida venganza en forma de matanza múltiple, ensañándose especialmente con la chica en cuestión.
La defensa por su parte, argumentó que el triple asesinato era claramente el resultado de las acciones de dos o más personas, ya que Nils, por sí mismo, no habría podido mantener una lucha y llevar a la muerte a los tres jóvenes a la vez, y más contando con las fuertes heridas que sufría en su cabeza poniendo de manifiesto que él también había sido víctima de los asesinos.

Tras todo el verano de incertidumbre, el 7 de Octubre salió la sentencia. Nils Gustafsson fue declarado inocente y absuelto de todos los cargos.

¿Fue en verdad Nils el asesino? o ¿ciertamente fue el trabajo de otra u otras personas?.

El paso de los años ha otorgado un cierto encanto a esta historia que el destino ha querido que vuelva a ser tema de actualidad; pero, pese a las modernas técnicas de investigación, el pasado permanece imperturbable y la incógnita se mantiene perenne.
Los cuerpos de los tres jóvenes descansan hoy, juntos, en una particular zona dedicada a ellos, esperando que se despeje el estático interrogante que se cierne sobre sus lápidas.



Aqui reposan los cuerpos de los jovenes asesinados

El misterio continúa. La leyenda perdura. Una extraña y tétrica bruma seguirá tiñendo de mutismo las orillas del lago Bodom, testigo de uno de los mayores secretos del país.
¡Ojo niños! ‘The Reaper’ continúa al acecho.

Premoniciones 'Titánicas'

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14 de Abril de 1912, 23.30 horas, el Títanic, el mayor transatlántico de la historia, choca con un iceberg en el atlántico norte durante su viaje inaugural. El impacto abre una brecha en el casco del barco de casi 100 metros por la línea de flotación. Dos horas más tarde la proa del barco está inundada, el agua va pasando de compartimento estanco a otro a razón de 125 toneladas por minuto.
02.10 horas, el barco se inclina 45 grados y los últimos botes salvavidas se arrían dejando, aún, centenares de pasajeros a bordo. Sólo 10 minutos más tarde, la estructura se parte en dos, la parte emergente permanece unos instantes en posición vertical y comienza su viaje final hacia las profundidades marinas. La mayor catástrofe de la historia se acaba de producir. 1522 personas han perdido la vida.

De esta manera se produjo una de las tragedias que más ha marcado el siglo XX, un hecho que, pese al paso del tiempo, aún sigue vivo en la mente de las personas dado su terrible impacto emocional y que los años y sus circunstancias hacen que su recuerdo aún permanezca vivo.
Un acontecimiento de tal magnitud hace que los detalles de la tragedia, así como todo lo que envolvió el suceso, sean imperecederos al recuerdo humano y motivo de estudio, análisis y también de curiosidad de generaciones posteriores.
Así, con el paso de los años, se han ido descubriendo detalles que nos aclaran como fueron ocurriendo los hechos, podemos observar imágenes del barco en su estado actual (semienterrado en barro) e incluso ver objetos que aún permanecen en los salones del transatlántico y hasta en la misma cubierta; al mismo tiempo que (gracias a la tecnología) podemos hacer viajes virtuales por el interior del crucero.
Este devenir del tiempo hace también que nos encontremos a veces con descubrimientos que se salen un poco de lo habitual en cuanto a lo extraordinario de la noticia. En este sentido vamos a dirigir el artículo, es decir, vamos a recopilar los datos, cuanto menos, curiosos, anecdóticos, misteriosos e incluso premonitorios. Por ellos empezamos.

Las primeras premoniciones llegaron con el afamado periodista William Thomas Stead, cuando, veinte años antes de la catástrofe, describió, en uno de sus escritos, la colisión de un gran buque con un témpano de hielo; sus supervivientes fueron auxiliados por el “Majestic”, un barco que por aquellos tiempos existía realmente y que estaba capitaneado, curiosamente, por Edward Smith, primer y último capitán del Titanic. Al parecer, Stead no hizo mucho caso a su premonición, ya que su nombre apareció años después en la lista de fallecidos en la tragedia.
Otra visión premonitoria del hundimiento del Titanic fue la que tuvo un marinero y escritor de poco reconocimiento llamado Morgan Robertson.
Robertson describió en su novela “Futility”, con precisión de detalles, datos sobre el Titanic así como de su naufragio. La precisión de los datos expuestos en su libro hicieron que más de un investigador afirmase que fue un hombre que se adelantó a su tiempo ya que, allegados a este autor, sabían de sus poderes mediúmnicos.
De esta manera, el barco protagonista de la novela de Robertson se llamaba “Titán”, tenía tres hélices (igual que el Titanic), desplazaba 70000 toneladas ( por las 66000 del Titanic), medía 800 píes ( 882 el original), portaba 2177 pasajeros (frente a los 2227 reales), ambos buques navegaban a una velocidad de 24-25 nudos, partieron del puerto de Southampton un día de Abril y se hundieron frente a las costas de Terranova, con una diferencia de 200 millas, cinco días después de haber zarpado tras colisionar con un iceberg; como guinda, el número de víctimas variaba tan sólo en cien personas.
Ante tal asombrosa similitud de datos da a pensar que, realmente, este hombre pudiese tener algún tipo de poder psíquico que le hiciese intuir algo de tal magnitud como para reflejarlo en una novela.
Algo relacionado con estas premoniciones les podría haber pasado a multitud de viajeros que cancelaron sus billetes pocos días antes de zarpar, así como otros que se negaron a embarcar justo en el último momento.
Uno de estos personajes fue el propio dueño de la naviera dueña del Titanic (White Star) J. P. Morgan, que tenía la costumbre de navegar en los viajes inaugurales de todos los buques de su empresa; misteriosamente se negó a viajar en este, el trasatlántico más grande y lujoso del momento.
Al igual que este, el mandamás de los astilleros donde fue construido el Titanic, también se negó a embarcar sin razón aparente en el barco; cuando también era costumbre suya hacer acto de presencia en los viajes inaugurales de los buques salidos de sus astilleros.
Otro caso fue el de un matrimonio que, sin avisar si quiera a su servicio personal que acondicionaba el camarote con el numeroso equipaje que habían facturado, diez minutos antes decidieron quedarse en tierra abandonando todo lo embarcado
¿Qué movió a estas personas y otras muchas más a negarse a embarcar en el último momento habiendo pagado una gran cantidad de dinero por los billetes? ¿Acaso no era el Titanic insumergible?

Desde que partió de Southampton, la sombra de la mala suerte persigió al Titanic hasta su final. Desde la desaparición de los binóculos que debía tener el vigía hasta el incomprensible “avanti un tercio” que marcaban los telégrafos del barco una vez dañado, y que hacía que los buques que captaron el S.O.S se presentasen en el lugar del aviso sin que allí hubiese nada; todo fue un cúmulo de infortunios: Nula respuesta ante las llamadas de socorro (por lo que se recurrió al nuevo código S.O.S), la grave decisión de invertir la marcha de las hélices en un barco de estas características, etc…

Curiosamente el Carpathia (buque insignia de la compañía rival) localizó la situación del Titanic y acudió en su ayuda, su visión fue dantesca, centenares de cadáveres flotando en las aguas heladas y unos botes, más vacíos que llenos, de supervivientes, los únicos, estos, que dudaron a última hora de la insumergibilidad del Titanic.

Mientras todo esto ocurría, a miles de kilómetros de la tragedia, en un pequeño pueblo de Canadá llamado “Winnipeg”, el reverendo Charles Morgan llegó pronto a su parroquia para preparar el oficio de la tarde. Realizó varios preparativos, entre ellos colocar en un tablero los números de los himnos preferidos por el maestro de capilla. Hecho esto, el reverendo decidió retirarse a su despacho y echar una siesta hasta que llegase la hora del oficio. Pronto se quedó dormido e inmediatamente tuvo un vívido sueño de oscuridad, grandes ruidos y olas rompientes, todo ello armonizado por un coro que cantaba un viejo himno que Morgan hacía años que no recordaba. Despertó de golpe, dado la angustia del sueño, miró el reloj y, viendo que aún le quedaba tiempo, decidió continuar la siesta con la esperanza que su breve vigilia hubiese borrado el anterior sueño. Nada más lejos de la realidad, el sueño volvió, y con él la oscuridad, las olas y los coros cantando el himno. Volvió a despertarse, esta vez sobresaltado y conmovido, se dirigió a la iglesia vacía y escribió un número de un nuevo himno en el tablero.
Cuando empezó el servicio, la congregación cantó el himno que Morgan había escuchado en sus sueños y rezaban por los que estaban en peligro en el mar; el reverendo, al oírles, no pudo evitar las lagrimas.
Poco después se enteró que mientras él y sus feligreses estaban cantando el himno, una tragedia se había producido en el océano. Era el 14 de Abril de 1912 y, a lo lejos, se estaba hundiendo el Titanic.

Una premonición que, por ser posiblemente la última y por la forma y situación en la que se produjo, bien podría servir como un homenaje a las victimas de la tragedia.

Otro de los misterios que encierra el Titanic es lo concerniente a su carga. A parte de la carga de primera necesidad como agua, café, patatas, huevos, cubiertos, mantas, etc… fueron embarcados varios objetos que, por su excepcionalidad, son hoy motivo de comentarios, cuanto menos, extraños.
Según el investigador y egiptólogo Nacho Ares, uno de estos inusuales objetos que se cargaron al buque fue una momia egipcia. Inusual nos lo es hoy, aunque no por entonces; en aquella época de los primeros descubrimientos de momias egipcias, el tener una era un lujo tan solo al alcance de personas de gran poder adquisitivo, las cuales alardeaban delante de sus amigos de tan preciado objeto; asimismo Lord Canterville se había echo con una y la embarcó en el Titanic. Por motivos de acondicionamiento, la momia fue colocada junto al puente de mando, detrás de la cabina del capitán Smith; Obviamente la momia iba ataviada con todo tipo de amuletos colocados en el momento de su momificación, amuletos que clamaban por el castigo a aquellos que perturbasen su descanso. ¿Tuvo que ver estas maldición con los incomprensibles fallos que cometieron uno tras otro el capitán y demás oficiales a lo largo del viaje?
Cierto es que por entonces, una década antes del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón y por lo tanto de las sus “maldiciones”, ya se otorgaba la culpa del siniestro a tan singular “pasajero”.
Pero según se contó días mas tarde en Nueva York, podría no haber sido la única momia que iba en el Titanic; al parecer, un anticuario habría comprado el sarcófago de un faraón con la momia aún dentro. Pudo rescatarla del naufragio embarcándola en uno de los botes salvavidas y una vez a salvo, arrepentido por pensar que era la culpable, decidió devolverla a Egipto. La embarcó en el “Empress of Ireland” con la “mala suerte” que se hundió al poco de zarpar. Desesperado, volvió a recuperar el sarcófago y lo volvió a embarcar en otro barco, esta vez el “Lusitania”, que fue bombardeado por los alemanes en 1915 hundiendo el barco con la momia y provocando la entrada de los americanos en la primera guerra mundial.
Una guerra esta, que podría haber tenido algo que ver también con los misteriosos cargamentos del Titanic; según declaró el estibador de carga del transatlántico, Frank Pretit, en el juicio posterior al naufragio, se habían cargado numerosas cantidades de lingotes de oro y plata en los compartimentos estanco del buque.
La hipótesis más plausible era que, tal cantidad de dinero, era el pago que efectuaba Inglaterra a Estados Unidos por la venta de armas para el conflicto que se avecinaba; cargamento real que no se conocerá hasta el año 2012, cuando venza el sello de los registros de la mercancía efectuados por el Banco de Inglaterra.

Torpedos alemanes, bombas, sabotajes, conspiraciones, casualidades, premoniciones, misterios…. Infinidad de dudas rodean el hundimiento del mayor transatlántico de la historia; 4000 metros de profundidad y 92 años separan estos enigmas de la verdad, una verdad que es recordada por su trágico fin, una verdad que, al fin y al cabo, se nos presenta en forma de Iceberg: fría y dura.

Por su eterno descanso y de los que en él perecieron.