El torpedo que esquivó Churchill

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Como es sabido por muchos, y tal como reza la intro de esta sección, a Sir Winston Churchill, Primer Ministro británico durante la segunda guerra mundial, lo que en algún momento llegó a preocuparle seriamente para el buen desenlace de la guerra fue la amenaza que suponían la presencia de los submarinos alemanes en el atlántico.
Pero lo que muchos desconocen es que, posiblemente, este miedo se viese incrementado por un hecho que le ocurrió nada más comenzar el conflicto y que, de no haber sido por la fortuna, quizá la guerra hubiese tenido otro final bien distinto del que afortunadamente tuvo.
Era el 30 de Octubre de 1939 cuando al oeste de las islas Orkney navegaba un grupo de tres acorazados británicos escoltados por 12 destructores. Uno de ellos, el HMS Nelson, buque insignia de la flota, tenía unos invitados de excepción: el comandante en jefe de la Home Fleet, almirante Sir Charles Forbes, Sir Dudley Pound y el Lord
del almirantazgo Winston Churchill.
El motivo de dicha reunión no era otro que analizar y determinar que acciones habían de tomar respecto al reciente y durísimo golpe que había supuesto el reciente ataque del U-47 de Günter Prien en Scapa Flow y que se había saldado con el hundimiento del acorazado Royal Oak y daños en el crucero pesado Belfast y el viejo portaaviones Pegasus.
Inmersos en sus análisis, y confiando en la imponente estampa que dibujaban los tres acorazados con su tupida escolta, no imaginarían que nadie en su sano juicio osase enfrentarse a tan temida flota. Pero nada más lejos de la realidad.

Almenos dos, y secos golpes se oyeron y sacudieron el imponente casco del HMS Nelson. Las alarmas saltaron de inmediato. ¿Qué había sido eso? Sin duda había sido el impacto de dos torpedos que habían hecho blanco en el buque, pero por motivos desconocidos no habían explotado.
HMS Nelson


Unos cuantos metros bajo la superficie, y ganando profundidad, el responsable del ataque huía ante la que se le venía encima.
No era otro que el U-56, al mando del alférez de navío Wilhelm Zahn, que justo se encontraba en medio del grupo en cuestión. A cota periscópica pudo distinguir los tres acorazados (HMS Rodney, HMS Hood y el citado HMS Nelson) y los 12 destructores de escolta. Debido a su posición ideal para el ataque, y haciendo gala de un completo arrojo, no dudó en lanzar tres torpedos en abanico hacia el Nelson, de los cuales almenos dos se oyó su impacto pero no su detonación.
Gracias a una rápida maniobra evasiva, y bajo el comprensible desánimo producido por la heroica pero no recompensada acción, logra huir hacia aguas seguras.

El abatimiento del comandante seguramente sería mayor al llegar a puerto y conocer quienes iban en el Nelson y lo que habría supuesto para la guerra la baja de semejante(s) personalidad(es). Tal fue su depresión que, el comandante en jefe de los U-Boats, futuro almirante de la Kriegsmarine y sucesor de Hitler, Karl Dönitz, no tuvo más remedio que retirarlo del servicio activo y trasladarlo a labores de adiestramiento para futuras tripulaciones submarinistas.

Wilhelm Zahn



¿Porqué fallaron los torpedos? Pues sencillamente porque salieron defectuosos. Y no fue un caso puntual, ya que durante gran parte de la guerra fueron muchos los casos donde numerosos buques fueron torpedeados sin que los torpedos llegasen a explotar, explotasen antes de tiempo o se perdiesen hacia un rumbo no estipulado.
A estos numerosos fallos con los torpedos se le llegó a conocer como 'La crisis de los torpedos' y tuvo su punto culminante en la conocida como 'Operación Hartmuth', donde en una numerosa concentración de submarinos frente a las costas noruegas, y para proteger un desembarco alemán y repeler los posibles desembarcos aliados, de 31 ataques que efectuaron los U-boats ningún torpedo explotó.
Todo ello conllevó una urgente investigación que incluso derivó en consejo de guerra hacia los responsables de dichos fallos, que básicamente se concluyeron en un deficiente encendido magnético del torpedo así como mal funcionamiento de la espoleta de percusión.
Finalmente poco se pudo arreglar, ya que se acordó a partir de entonces disparar únicamente con encendido de percusión, que fue lo único que pudieron mejorar y descartar el encendido magnético.
No fue hasta finales de 1942 cuando los submarinos empezaron a recibir los nuevos tipos de torpedos que revolucionarían lo habido hasta entonces y que llevarían de cabeza a los aliados para desarrollar un medio para combatirlos. Uno era el torpedo que después de recorrer una determinada distancia, viraba y seguía su camino haciendo lazadas, haciéndolo ideal para su uso contra convoyes. Un año más tarde llegó el torpedo que se guiaba atraído por el ruido de la hélice del barco enemigo. Muchos años después de la guerra, estos fueron los torpedos que se siguieron utilizando en los submarinos de todo el mundo.

Pero al bueno de Sir Winston Churchill nunca se le olvidaría ya que, por su sigilo y su potencial destructivo, los submarinos había que tenerlos muy en cuenta. Luego, el que los torpedos saliesen defectuosos, era algo que correspondía al azar. Y él, precisamente, podía dar fe de ello.

7 comentarios:

  1. Unai dijo:

    Muy buenas kordo.
    Ya e subido la cuarta parte de villa olvido, pero he decidido separarla de la serie ;)
    Un saludo!

  1. No solo Winston se salvo, gracias al fallo de los torpedos muchos buques mercantes y militares se salvaron al principio de la guerra. La batalla por noruega pudo ser un durisimo golpe para la armada inglesa.

  1. Kordo dijo:

    Hola Unai, me he pasado y te he dejado un comentario, pero no veo que haya salido... :-/

    Viajero: Muy cierto lo que comentas. Evidentemente los defectos en los torpedos evitaron numerosas perdidas humanas y materiales durante la guerra. Y no tan sólo afectó a los alemanes, sinó que tambien los aliados tuvieron su particular 'crisis de los torpedos'. Pero eso ya merecería otra entrada.
    Gracias por tu visita.
    Saludos

  1. Cayetano dijo:

    O sea, que el señor Chuchill se salvó por los pelos, gracias a que los torpedos los habían fabricado en un "todo a cien".
    Gracias por tu comentario en mi blog.
    Un saludo.

  1. Kordo dijo:

    Ya se sabe Cayetano, cuando las necesidades de la guerra aprietan... ocurre lo que comentas, je,je.
    Gracias a ti tambien por tu comentario.
    Saludos

  1. Alex dijo:

    Me ha gustado leer esto, cosillas interesantes!
    Lástima que la cantidad de gente que se salva por fallos en la ingeniería luego se vea superada con creces por los avances en la misma.
    Un abrazo Cordo!!

  1. Kordo dijo:

    Pues si Alex, a veces uno tiene esa sensación, que en lugar de hacer cosas para mejorar, lo que hacemos es empeorarlo. Todo tiene su precio, supongo.
    Un abrazo!